jueves, julio 02, 2009

Los Políticos Suelen Aferrarse al Poder como Psicópatas

(La siguiente entrevista con el siquiatra Hugo Marietán fue publicada por el diario argentino La Nación a principios de este año. Presenta el importantísimo tema de las psicopatías relacionadas con el poder. Y la presentamos aquí porque creemos que estas afecciones no sólo ocurren entre los políticos y los capitanes de la industria. También se dan siempre en forma perniciosa entre los religiosos.

El
vaisnavismo gaudiya no es una excepción. Ya Srila Bhaktisiddhanta Sarasvati Thakur advertía de ese peligro dentro de la misión que había fundado con tanto esfuerzo. Srila Prabhupada hizo señalamientos similares, y rectificó varios brotes de esta psicopatía del poder que se dieron en Iskcon durante su presencia manifiesta. Ya luego no hubo quien detuviera la enfermedad del poder en Iskcon, y prácticamente todos los problemas que sufre la institución hoy pueden ser diagnosticados fácilmente como un efecto de la enfermedad del poder.

Podemos decir que la psicopatía del poder en Iskcon es de dos tipos: El primer tipo es la de individuos que cuando llegaron a Iskcon ya la traían en forma potencial o manifiesta como parte de su formación, condicionamiento y ambiciones. Ésta debía sublimarse y purificarse con la práctica del bhakti, para convertirse en una cualidad vaisnava aplicada en el servicio a otros devotos y al desarrollo de la misión vaisnava. Al no permanecer contenida ni sublimarse, con el tiempo salpicó y contaminó toda la institución.

El segundo tipo de psicopatía del poder dentro de Iskcon es la adquirida por contagio. Quizá algún individuo no tenga una marcada tendencia hacia la psicopatía del poder, y su orientación sea hacia la sencillez, la austeridad y el desapego. Sin embargo, el ambiente pernicioso creado por el primer tipo de individuos es suficiente para contagiar y provocar una mutación en el segundo tipo de individuos.

El ambiente pernicioso —el caldo de cultivo— que facilita el contagio de esta psicopatía es evidente: hay una cúpula de poder sin obligación de rendirle cuentas a nadie, que se viste de pureza, que manipula a seguidores incautos, y que combate todo indicio de representatividad. Cualquiera que sea parte de ese ambiente desarrollará una psicopatía del poder.

Como resultado, tenemos individuos que a pesar de su propia mediocridad viven aferrados a un plato de
maha-prasadam, a que les laven ocasionalmente sus piececitos de loto con agua de rosas, a ser alabados con predecibles mantas y zalamerías, a ocultar pasados obscuros para que no se les acabe la fiestecita, a creerse intocables, a tener todas las respuestas para todo, a sentirse el néctar encarnado, y rezando para que nadie note que el emperador está encuerado.

El síntoma más contundente de la enfermedad del poder en Iskcon es la identificación de la pureza y la renunciación con el poder. ¿Quien detenta en Iskcon los privilegios, las riquezas y el autoritarismo? Son los
gurus y los sannyasis, o sea quienes supuestamente están libres de deseos y son renunciantes. Pero vemos que entre ellos predominan el apego, el condicionamiento y el exclusivismo. Definitivamente una enfermedad institucional difícil de curar. —RK)

14 de enero de 2009
Laura Di Marco
para LA NACION

"Los políticos de fuste generalmente son psicópatas, por una sencilla razón: el psicópata ama el poder. Usa a las personas para obtener más y más poder, y las transforma en cosas para su propio beneficio. Esto no quiere decir, desde luego, que todos los políticos o todos los líderes sean psicópatas, ni mucho menos, pero sí que el poder es un ámbito donde ellos se mueven como pez en el agua."

El que lo dice es el médico psiquiatra Hugo Marietán, uno de los principales especialistas argentinos en psicopatía y referencia obligada para aquellos que les ponen la lupa a estas personalidades atípicas, que no necesariamente son las que protagonizan hechos policiales de alto impacto.

Porque, precisamente, la alusión no se dirige a los asesinos seriales al estilo de Hannibal Lecter, el perturbado psiquiatra de El silencio de los inocentes, sino a aquellas personalidades que Marietán define como los "psicópatas cotidianos". Personalidades especiales, pero que no sólo se adaptan perfectamente al medio, sino que también suelen estar a nuestro alrededor sin mayores estridencias. Y más aún: muchos suelen llegar a la cima económica, política y del reconocimiento social.

Lo novedoso en la definición que hace Marietán, miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría y considerado una autoridad en su especialidad, es que el psicópata no es un enfermo mental, sino una manera de ser en el mundo. Es decir: una variante poco frecuente del ser humano que se caracteriza por tener necesidades especiales. El afán desmedido de poder, de protagonismo o matar pueden ser algunas de ellas. Funcionan con códigos propios, distintos de los que maneja la sociedad, y suelen estar dotados para ser capitanes de tormenta por su alto grado de insensibilidad y tolerancia a situaciones de extrema tensión.

En la psicopatía, señala este experto, no hay "tipos", sino grados o intensidades diversas. Así, el violador serial sería un psicópata más intenso o extremo que el cotidiano, pero portador de la misma personalidad.

A los 57 años, es docente en la Universidad de Buenos Aires, codirector de la revista de neuropsiquiatría Almaceón y coordinador del portal español psiquiatria.com . A partir de la década del 80, trabajó en los hospitales Moyano, Esteves y Borda, donde dirigió cursos de semiología psiquiátrica. Su página en Internet ( www.marietan.com ) es de referencia constante en los estudios sobre psicopatía.

Según explica en la entrevista con LA NACION, hay un tres por ciento de la población con características psicopáticas. Es decir, 1.200.000 personas en la Argentina. "La relación es de tres varones por cada mujer. Son 300.000 damas y 900.000 caballeros. ¿Por qué más hombres? Sospecho que es porque la mujer utiliza su poder en el ámbito de la casa", dice.

—¿Cómo distinguir un político psicópata del que no lo es?

—Una característica básica del psicópata es que es un mentiroso, pero no es un mentiroso cualquiera. Es un artista. Miente con la palabra, pero también con el cuerpo. Actúa. Puede, incluso, fingir sensibilidad. Uno le cree una y otra vez, porque es muy convincente. Un dirigente común sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo determinado. Y, cumplida su misión, se va. Al psicópata, en cambio, una vez que está arriba, no lo saca nadie: quiere estar una vez, dos veces, tres veces. No larga el poder, y mucho menos lo delega. Quizás usted recuerde a alguno así? Otra característica es la manipulación que hace de la gente. Alrededor del dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente que, bajo su efecto persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría.

[En Iskcon, la psicopatía básica es mentir sobre la pureza de uno. Esta psicopatía está totalmente institucionalizada y de allí surgen los seguidores obsecuentes.]

—¿Como bajo el efecto de un hechizo, dice usted?

—Son gente subyugada, sí, e incluso puede ser de alto nivel intelectual. Este tipo de líderes no toman a los ciudadanos como personas con derechos: los toman como cosas. Porque el psicópata siempre trabaja para sí mismo, aunque en su discurso diga todo lo contrario. La gente es un mero instrumento. Carece de la habilidad emocional de la empatía, que es la capacidad de cualquier persona normal de ponerse en el lugar del otro. Las "cosas", para el líder político con estas características, tienen que estar a su servicio: personas, dinero, la famosa caja, para comprar voluntades. Utilizan el dinero como un elemento de presión, porque usan la coerción. La pregunta del accionar psicopático típico es: ¿cómo doblego la voluntad del otro? ¿Con un cargo, con un plan, con un subsidio? ¿Cómo divido?

[En Iskcon los bhaktas y los seguidores fieles son "cosas", pues su valor continúa mientras permanezca la lealtad. La actitud crítica en Iskcon ha sido combatida sin cesar, hasta crear un ambiente de sumisión y aceptación ciega acrítica.]

—¿El clientelismo político es, según usted, una forma de cosificación?

—Sí, porque es un "yo te doy, pero vos me devolvés, venís a tal o cual acto, me respondés como yo te pido". No es un dar desinteresado ni movido por la sensibilidad de querer ayudar a quien no tiene. Es un uso de las personas para construir el propio poder.

[Y si las personas ya no me dan el poder que imagino, los robo quitándoles sus propiedades. Ya vimos ese intento en Costa Rica por parte de Guru Prasad Swami, lo vimos también a él poniendo los títulos accionarios del negocio de inciensos en México a su nombre, y ¿estará tratando de hacer lo mismo en Caracas?]

—Eso está claro, pero ¿qué lo definiría como un acto psicopático?

—Que le está quitando a la gente la capacidad de elegir. El psicópata siempre nos deja sin opciones: la gente a la que manipula está en una desventaja económica tal que no tiene otra salida: o como y lo sigo o no lo sigo y no como. La libertad de las personas es la capacidad de tener alternativas.

["Soy tu guru, soy GBC, soy heredero de Srila Prabhupada. No tienes opciones a elegir; simplemente debes obedecerme y seguirme sin cuestionar nada".]

—¿El líder psicópata sabe que trabaja para él o cree realmente luchar por una causa superior?

-Es muy difícil entrar en su cabeza. Tienen una lógica muy distinta. Sin embargo, lo crea o no, la bandera que utiliza siempre es suprapersonal, más allá, incluso, de este momento. Esto se ve bastante, también, en líderes religiosos psicópatas, que apelan a la salvación del más allá. Otras banderas pueden ser la apelación al hombre nuevo, el proyecto nacional, la liberación, la raza superior, la Nación, la patria. El psicópata siempre necesita buscar un enemigo, para aglutinar. Y, por supuesto, nunca va a decir: "Vamos a trabajar para mí".

["Los demás discípulos de Srila Prabhupada son enemigos de Iskcon porque critican lo que estamos haciendo. Cualquier devoto que cuestione nuestras decisiones se ha desviado y es también un enemigo".]

—¿Qué sucede con este tipo de políticos en períodos normales, sin crisis agudas?

—Bueno, ahí viene el problema, porque el psicópata no se adapta a la tranquilidad. El necesita la crisis. Ser reconocido como salvador. En la paz, él no tiene papel. No la soporta. Por eso las sociedades lideradas por políticos de estas características viven de crisis en crisis.

[El líder iskconiano con psicopatías florece en un ambiente de crisis donde los incautos puedan verlo como un salvador. En un ambiente tranquilo el líder iskconiano se vería como una persona ordinaria. Una mente tranquila también los verá como seres totalmente ordinarios.]

—¿Y este líder no puede cambiar? ¿Aprende de sus errores?

—No. Siempre es igual a sí mismo: la psicopatía es una estructura que no cambia.

[Si el Doctor Marietán quiere ejemplos de esto, puede encontrar muchos entre los líderes de Iskcon, y en particular los de Latinoamérica.]

—Hasta ahora, los está pintando como seres indestructibles, pero algún talón de Aquiles deben tener. ¿Cuál es ese punto débil?

—La frustración de sus plantes. Cuando apuestan por un proyecto, ponen todo en él y no les sale. Ahí, el psicópata se desorganiza y empieza a hacer pavadas. Es una personalidad controladora. Por eso en el momento de la frustración puede tener actitudes absolutamente toscas, torpes. Y en este punto, la gente ve que hace macanas, una detrás de otra, y empieza a quebrarse esa unidad, que consiguió con su persuasión.

[Las macanas de Guru Prasad Swami en Costa Rica permitieron que muchísimos devotos abrieran los ojos a la psicopatía que impera en Iskcon. Lo mismo está ocurriendo en Venezuela.]

—Usted dice que se aferran al poder y que es muy difícil sacarlos. ¿Alguna sugerencia?

—Bueno, hacen falta un montón de líderes de los comunes, normales, o bien otro psicópata pesado que se le contraponga. Entre muchos logran sacar al dirigente psicópata, o, al menos, reducir su poder. Otra cosa es aprender a no elegirlos. El psicópata necesita desestabilizar siempre las cosas, aquí y allá. Por eso necesita fabricar crisis. Si uno va entendiendo cómo es su mecanismo, los puede distinguir y votar por otros líderes, que pueden ser muy carismáticos, incluso, pero no psicopáticos.

[Debe uno aprender a reconocer las psicopatías en los líderes latinoamericanos de Iskcon, y ser muy misericordioso con ellos retirándoles el poder que quieren ejercer sobre todo el incauto que se deje.]

—Si algún político psicópata llegara a leer esta entrevista, ¿se reconocería como tal?

—Por supuesto que no. Terminará de leer y les dirá a sus interlocutores: ¡qué barbaridad; cuántos psicópatas hay dando vueltas por el mundo!

["Los que me critican son unos demonios. El Tambor Rugiente es puro veneno".]

1 comentario:

RH dijo...

Extraordinaria informacion... sesgada pero buena, y muy cuestionadora....