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sábado, abril 11, 2009

Gurus de Peluche # 6


por Astika das

ISKCON AYER Y HOY

Hoy [un día cualquiera de 2008] visité el templo de Iskcon del Distrito Federal, y me pude dar cuenta que el movimiento Hare Krishna está pasando por una crisis tan severa que, lamentablemente, es poco probable que algún día se logre recuperar de ella.

Del movimiento que en la década de los Setentas representaba una verdadera amenaza para el "establishment" Occidental, no quedan ni sus luces. En el mes de diciembre de 1975, en Vrindavan, India, después de informarse de los resultados de sankirtan en los Estados Unidos, Srila Prabhupada declaró: “Europa y Estados Unidos están en grave peligro de ser derrotados por el movimiento Hare Krishna.”

Esa declaración de A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada, fundador acarya de ISKCON (Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna por sus siglas en inglés), era completamente válida en el momento que fue hecha, pero ahora resulta completamente irrelevante.

Actualmente, ISKCON ni siquiera puede resolver sus propios problemas, qué decir de representar un ejemplo a seguir por el mundo entero.

Después de comer en Govinda, el restaurante vegetariano del templo Hare Krishna, Radha Krishna Prabhu, Nrisimha Tirtha y yo, nos sentamos a platicar en la banca del patio del templo de Tiburcio Montiel 45.

LA VERSION SICODELICA DE GOVINDA

No bien habíamos comenzado a evocar los tiempos idos de Iskcon, cuando Govinda das —un joven rechoncho y chaparrito de cerca de 40 años, y de tez muy blanca cubierta de tatuajes—, sin ser invitado, se unió a nuestra conversación de sobremesa.

Govinda das mostraba tatuajes en los brazos, en el cuero cabelludo, y en la nuca. Los lóbulos de sus orejas lucían enormes pues en ellos se habían incrustado unas expansiones en forma de cilindros. En su labio inferior lucía varias sortijas de metal. En el mentón, poco más abajo del labio inferior, lucía una hilera de seis argollas. Dos aros plateados perforaban su ceja derecha. Confieso que antes yo sólo en revistas había visto personas que lucían en su cuerpo tantos tatuajes como los que lucía Govinda das.


Traté de aparentar ecuanimidad ante el cuerpo perforado y acicalado de Govinda das, mas internamente me resultaba repugnante su peculiar apariencia. Aunque siempre me he jactado de ser liberal, y a pesar de que durante la década de los Sesentas, durante varios años viví la experiencia jipi, y a pesar de que en esa época me drogué con mariguana, LSD, peyote, hongos alucinógenos, a pesar de que leí los poemas de Allen Ginsberg, las novelas de Henry Miller y de Charles Bukowsky, y a pesar de que durante los últimos 30 años de mi vida he venido continuamente repitiendo que no somos el cuerpo, aun así no podía evitar el vértigo, la fascinación, y la repulsión que simultáneamente me producían la apariencia de Govinda das.

A pesar de mi "background" cultural yo estoy chapado a la antigua, y para mí jamás será normal alguien que tatúe el cuerpo. Para mí, tatuarse el cuerpo es sinónimo de presidiario.

Era prácticamente incomprensible que el niño inocente, puro, casi angelical que —aproximadamente treinta años atrás— había sido mi discípulo en el Gurukula (la casa del maestro espiritual), se hubiera convertido en el "freak" que ahora se hallaba frente a mí, y quien, a pesar de su apariencia siniestra, a pesar de todos los esfuerzos que hacía por ocultar su verdadero ser, en su mirada se reflejaba cierta candidez, cierta ternura, cierta incomprensión por todos los horrores que le había tocado vivir en Iskcon.

LAS COSAS ESTÁN DE MIEDO

Yo le pregunté a Govinda das: “¿Cómo andan las cosas en el templo de Guadalajara?”

[Cabe aclarar aquí que en Guadalajara hay dos templos. Uno es el templo original de Iskcon, pero que ya no es de Iskcon sino que quedó en manos de Sanat Kumara das (por ser su propiedad y porque Iskcon no ha querido ir a recoger las Deidades), y de Ram Govinda Swami (o Paravata Maharaja). El otro templo es un pequeño espacio al que se mudó el contingente iskconiano en espera de que un juez les regale —mediante sentencia juicial— la propiedad de Sanat Kumara, cosa que ya no va a ocurrir. Aquí Govinda das se va a referir al primer templo, al de Sanat.]

Sin ningún preámbulo, Govinda das respondió: “Es algo horrible, Prabhu”. Y en seguida procedió a hacer el siguiente relato: “El templo de Guadalajara no es de Krishna ni de Prabhupada. El templo de Guadalajara es de Ram Govinda y de Sanat Kumar".

"Ahí, Ram Govinda lo es todo. Él es el pujari, él da las clases del «Bhagavatam», él dirige los kirtanes; él siente que es él —y no Krishna— el centro de todo; siempre que da la clase del «Bhagavatam» critica la tecnología pero todo el tiempo tiene su computadora sobre su regazo; dice que de entre sus discípulos, él prefiere a los que son gays".

"Sanat Kumara sabe que las Deidades le pertenecen a ISKCON pero no las quiere devolver porque las utiliza como anzuelo para hacer negocios". [En realidad Iskcon no ha hecho ningún esfuerzo por llevárselas. Es más, le han dicho a Sant que no tienen dónde ponerlas. Quizá las han querido dejar allí para demostrarle al juez que ahí es su templo y le quite la propiedad a Sanat. Una reciente sentencia del tribunal hace lo anterior virtualmente imposible.]

"Él está casado con dos mujeres que son hermanas, pero como ya está viejo y está muy gordo siempre está temeroso de que sus esposas se metan con los bhaktas jóvenes. Las esposas de Sanat Kumar no son vegetarianas, son carnívoras, y no son Hare Krishnas; ellas declaran abiertamente que son católicas".

"Ram Govinda simultáneamente dirige el kirtan, regaña a los devotos, y coquetea con las devotas. Siempre muestra preferencia por las devotas jóvenes. A ellas les pone las guirnaldas, y mientras da la clase del «Bhagavatam» no les quita la mirada de encima. A pesar de que dice ser sannyasi se encierra con las bhaktinis en su oficina durante cerca de dos horas. Siempre anda todo sudado y apesta a zorrillo, y la ropa la trae arrugada y sucia. Los devotos de Guadalajara lo bautizaron con el sobrenombre de "La Tamalera", porque sale a la calle con turbante y con la sikha toda enmarañada. Y mientras da las clases abre las piernas y por entre el dhoti se le puede ver hasta la kaupina”.

PALIDO REFLEJO DEL ISKCON DE PRABHUPADA

La candidez y la honestidad con que Govinda das cuenta todos esos pasatiempos de “Maharajá Chompiras”, que es otro de los motes con que los devotos de Guadalajara identifican a Parvata Maharajá, nos provocó gran hilaridad a Radha Krishna, a Tirtha das, y a mí. Sin embargo, la versión de Govinda das sobre el actual estado de cosas en el templo Hare Krishna de Guadalajara me hizo reflexionar sobre la enorme diferencia que existe entre la misión que hace apenas cuarenta y tantos años concibió Srila Prabhupada, la que según él estaba destinada a cambiar la faz demoníaca de la civilización, y en la parodia en la que la han convertido sus discípulos en el lapso de unos cuantos años.

(«El Tambor Rugiente» se solidariza completamente con Sanat Kumara en el litigio que ha tenido con Iskcon, sobre el intento de ellos de robarle su propiedad personal —donde está el templo original— mediante artilugios legales que han sido un fracaso. Por otra parte, conducir un templo exitosamente es un auténtico arte devocional que implica entrega, inteligencia, ejemplo personal, liderazgo, una actitud desinteresada, etc. Aparte de la presente nota, hemos recibido varios reportes de que el templo de Sanat no marcha bien.)