viernes, junio 19, 2009

¡Escucha, hombrecito! - 1

WILHELM REICH

por Kundali das

(En la década de los 1990s, un discípulo de Srila Prabhupada llamado Kundali das escribió una serie de libros enfocados a que los devotos desarrollaran un criterio propio sobre todo lo que estaba sucediendo en Iskcon. Estos libros fueron muy bien recibidos por cierto sector del Movimiento, pero rechazados y satanizados por los líderes, pues ponían en evidencia las carencias existenciales que tenía —y que sigue teniendo— la Sociedad.

Kundali fue prácticamente echado de Iskcon a causa de sus escritos y a partir de entonces siguió una vida independiente privada. Su obra es muy importante pero los líderes la descalifican argumentando que Kundali no es muy buen devoto, etc. Sea como fuere, su aportación a la conciencia del Movimiento está allí y cualquiera que lea sus libros con objetividad aprenderá mucho.
¡Escucha, hombrecito! es el capítulo 16 de su libro Nuestra Misión, Parte Dos. Este capítulo, ¡Escucha, hombrecito!, aparecerá aquí en «El Tambor Rugiente» en 6 entregas. Esperamos que nuestros lectores puedan apreciar su contenido. Traducción al español cortesía de Aniruddha Prabhu.)

— I —

En 1933, Wilhelm Reich publicó el libro La psicología de masas del fascismo, en donde explicó detalladamente cómo el autoritarismo no es la consecuencia natural de factores económicos críticos o la planificación social basada en maniobras que hacen los líderes políticos. El autoritarismo surge de las masas. Específicamente, es la expresión colectiva del temor de no querer ser libres. Ya que si ellos no temiesen a la libertad de asumir la responsabilidad de pensar por ellos mismos —que es lo que Prabhupada quería que ISKCON nos enseñase—, las masas jamás dejarían que líderes autoritarios los deshumanizaran, los aterrorizaran, los arruinaran tanto externa como internamente.

Resumiremos la idea de Reich y presentaremos la esencia de la misma. No tardó mucho para que los nazis prohibieran su obra, porque, como sucede siempre, los libros son censurados, vilipendiados o expurgados cuando atacan la raíz del problema. Los que se consideran aludidos o de cualquier modo criticados, son los que ordenan a gritos la desaparición de los mismos. Posteriormente, en 1945, Reich escribió ¡Escucha, hombrecito! (Listen, Little Man), una versión abreviada de su libro anterior, pero que conserva la médula de éste. Si podemos entender el concepto de “hombrecito”, seremos capaces de comprender en quiénes radica, por excelencia, la responsabilidad de la actual mala dinámica de ISKCON: no en los líderes, sino en nosotros, los devotos comunes y corrientes. Como en todo fenómeno social o emocional, se requiere de dos personas para bailar un tango.


Una oración en la cubierta trasera de ¡Escucha, hombrecito! nos hace saber cuál es el enfoque del libro: “El autor enérgicamente afirma que el precio de la aquiescencia [sumisión absoluta o decir “sí” a todo] es la tiranía...”. De la misma manera que la aquiescencia del hombrecito da lugar a la tiranía, la aquiescencia de los prabhucitos de ISKCON ha hecho que nuestra sociedad haya fracasado por consentir lo inaceptable: conductas irracionales y autoritarias. La atmósfera creada por el autoritarismo arruina la psiquis humana. Por reprimir sus emociones, hace que la víctima se vuelva neurótica, lo que, a su vez, se traduce en conducta aberrante en algunos o todos los ámbitos de la vida, dependiendo del grado de reciedumbre de aquella. Por consiguiente, hemos sido testigos de abuso infantil y vil pederastia, de tráfico de influencias “devocional”, de adopción de medidas unilaterales y/o arbitrarias sólo consentidas por los “altos mandos” de la institución, de apropiación indebida de bienes o su venta para usufructo personal, de aplicación de la filosofía de “might is right” [“la fuerza colosal es lo ideal”], de un empecinamiento total a no atender las necesidades de los devotos de base, de enajenación, megalomanías y complejos de grandeza, de discriminación basada en el color de la piel y el género, de un nivel de irracionalidad que ha persistido por más de 3 décadas y no da muestras de cejar, y de otros síntomas perturbadores que perjudican la estabilidad de nuestra institución. Tristemente, adolecemos de un espectro impresionante de neurosis.

Estos síntomas son indicativos de una insatisfacción reprimida en nuestras vidas, que somos miembros de en una institución que se precia de ser “el modelo de una sociedad positiva”.

Cuando los prabhucitos confunden la humillación con la humildad; cuando por falta de agallas pasan por alto temas vitales para la comunidad (so pretexto de “dedicarse a practicar bhajana”); cuando no demandan a los líderes que se conduzcan según parámetros racionales y no exijan respeto para sí sino se lo ganen; cuando no objetan los actos cuestionables que éstos perpetran —quizás cometidos contra su propio compañero—, los prabhucitos crean la atmósfera propicia para la instauración de una dinámica autoritaria. Lo que conseguimos es un grupo orgánico sin conciencia en el cual ninguno asume responsabilidad por lo que está sucediendo en el interior del grupo. Entonces empezamos a precipitarnos hacia abajo en un movimiento espiral, o, incluso, en picada. Ninguna cantidad de reajustes administrativos superfluos resolverá este problema interno. El prabhucito que todos llevamos dentro tiene que ser curado primero. En realidad, mejor que curado, hemos de decir eliminado, exterminado.

Estudios relacionados con dinámica de grupos prueban que en tanto miembros del mismo permitan que el prabhucito se haga cargo de su actividad pensante, el grupo permanecerá potencialmente falto de conciencia e, incluso, se volverá malvado. ...A menos y solamente hasta que cada miembro se vuelva directamente responsable de lo que acontece en todo el organismo del cual él o ella forma parte. Aceptar esa responsabilidad es una de las cosas que Srila Prabhupada quiso inculcar cuando dijo que ISKCON es para formar “hombres intelectualmente independientes”.

— II —

¡Escucha, hombrecito! contiene numerosos pasajes dignos de mención y relevantes para nuestra institución. Por lo tanto, recomiendo a mis lectores que obtengan una copia de este libro y lo lean detenidamente. Para trasladar un indicio del concepto de hombrecito que Reich expone, citaré una selección de pasajes del libro y haré un comentario al cabo de cada uno:

"Él (los miembros ordinarios de la sociedad) tiene que aprender a distinguir la realidad, que es lo único que puede contrarrestar su desastrosa ansia de hacerse de autoridad. A él se le debe indicar claramente cuál es su responsabilidad, ...toda vez que convierte a niños sanos y vivarachos en entes lisiados, robots e idiotas sin moral; toda vez que para él el Estado está antes que la ética, la mentira antes que la verdad, la guerra antes que la vida. Por lo tanto, es harto necesario enseñarle al hombre ordinario cuál es su responsabilidad, porque el niño y la salvaguarda del futuro del niño, constituyen nuestra única esperanza".


En nuestro caso, convertimos individuos en siervos de la institución, que aquí toma el lugar del Estado. Además, la institución antecede a lo que es probo, y nuestra función es hacer que la gente se acomode a como dé lugar a la institución. “Desastrosa ansia de hacerse de autoridad” significa, sin importar la retórica que empleemos —amor, compasión, servicio, entrega— que el verdadero objetivo del movimiento es lograr la sumisión de la persona a la autoridad. En principio, ello supuestamente nos ayuda a alcanzar los pies de loto de Krishna, pero, funcionalmente, por el inevitable proceso de alineación que ello conlleva, la autoridad lo sustituye.

Esta circunstancia no es enteramente culpa de nuestros líderes. Es también culpa de los prabhucitos, que prefieren adoptar una actitud de brazos caídos e indiferencia ante las múltiples anomalías que ocurren en nuestra sociedad, y siempre encuentran alguna manera de manipular la filosofía para inocularnos contra la realidad. Los prabhucitos usan las enseñanzas de la conciencia de Krishna para aletargar nuestras percepciones. Ello es la antitesis de la verdadera conciencia de Krishna, que significa vivir en un estado de percepción muy aguzado.

Cuando nuestra cooperación sea consecuencia de semejante estado de existencia, entonces realmente estaremos poniendo en práctica nuestro amor por Srila Prabhupada. No debemos actuar como un niño inocente que se deja guiar por unos padres supuestamente benignos. No engañéis, pero tampoco os dejes engañar. Tenemos que dar este paso, ya que el éxito de ISKCON depende de ello. También nuestro éxito individual depende de asumir esta actitud.

1 comentario:

irm Brasil dijo...

parabéns ao excelente artigo publicado, e pela maravilhosa forma de expor as idéias. De fato, somente poderemos ser devotos com amor por Krsna, e somente poderemos ter amor por Krsna se formos livres. Sem liberdade não há amor, sem amor, não há liberdade! "Amor, o Trabalho e o Conhecimento, são as fontes de nossa vida, deveriamos saber governá-los"