domingo, junio 26, 2011

Aunque usted no lo crea - 2

[En abril pasado apareció en El Tambor una nota intitulada "¡Prabhu, aunque usted no lo crea!". Presentamos a continuación una segunda parte de la misma con más historias del mismo tipo. Recopilación y traducción: Aniruddha das.]


[Los siguientes tres pasajes fueron entresacados del “Casete 27” [Shyamasundar das], del segundo volumen del libro “Memorias”, compilado por Sidddhanta Das.]

Pasaje No. 1

“[1967] Por sentarme al lado de él la mañana siguiente, lo pude constatar [el calibre espiritual de Srila Prabhupada] sin la menor duda. Yo había estado leyendo “Autobiografía de un Yogui” y “El libro Tibetano de los Muertos” y toda ese tipo de libros que eran corrientes en esos días sobre yoga y misticismo. Así que casi no tenía idea de qué se esperaba de un maestro espiritual.

Prabhupada no levitaba, ni iluminó mis ojos y tampoco hizo nada extraño para convencerme. Él sólo me habló. Nunca me sentí tan pacífico y como en casa. Pero mi deseo constante era estar con él todo el tiempo, tanto como fuese posible. Ese fue el sentimiento más grato que haya tenido.

Y yo había consumido todas las drogas que habían, y experimentado todos los vacilones sensuales que había disponibles en ese entonces. Pero nada se igualaba a esa paz, a esa tranquilidad y a esa euforia, …las de estar con Prabhupada. Eso era lo que me gustaba, la euforia y la emoción.

Él era casi como una especie de pirata. Y nosotros éramos los integrantes de su tripulación. También no teníamos miedo. Cuando apenas estábamos comenzando, él decía: ´Entráis en onda [stay high] cuando cantáis. Entráis en onda cuando cantáis. Entráis en onda cuando cantáis. No hay nada que temer cuando cantáis. No hay nada que temer cuando cantáis´.

Éstas eran sus dichos principales para vendernos su idea. Y funcionó. O sea, todo el mundo entró en onda. Cada mañana Prabhupada llegaba al cuarto del templo a las siete de la mañana, y también a las siete de la noche, y personalmente dirigía el kirtana por espacio de una hora.

Teníamos estos kirtanes de una hora de duración todas las mañanas y todas las noches, con la misma y reiterada melodía estándar, nada de esos estilos adornados. No. “Nama om Vishnu padayas"; nada sobre Gour-Nitai o alguien más, solamente “Hare Krishna” sin parar. Cuando Prabhupada paraba el kirtana, todos se sentían: ´Huau, ¡me siento fantástico!´ Y eso fue lo que nos enganchó. Él nos atrapó en ese rollo. Y luego daba clases, pero no muy largas, quince minutos a lo sumo, sencillas. Y luego subía al piso de arriba. Pero él hacía esto todos los días, semana tras semana.

“Vivíamos [el devoto y su compañera] a varias cuadras de distancia del templo, y un día no había dinero para pagar la renta. Yo trabajaba como carpintero y mantenía a mi familia, pero no ganaba mucho. Y unos cuantos del resto de devotos, como Jayananda, que era un taxista, daban todo su dinero. Otros pocos devotos tenían trabajos, pero eran menos del diez por ciento. Todos los demás eran jipis.

Así que nunca había suficiente dinero, porque diariamente estábamos alimentando a todo el mundo en las calles, y encima había que pagar la renta, echar gasolina en nuestros coches para salir y hacer programas, y demás gastos. De modo que siempre estábamos en apuros. No había dinero para pagar la renta. Teníamos dos meses de retraso y corríamos el riesgo de ser echados. El casero había arremetido duramente contra nosotros. Para participar en el kirtana del templo, todas por las mañanas Malati y yo caminábamos diariamente por la calle Ashbury.

Y un día todos estos billetes de cien dólares, empujados por el viento, pasaron por la acera, uno tras otro. ¡Nos pusimos a correr por toda la calle para recoger estos billetes de cien dólares! No había una sola persona en la calle. Nadie pudo determinar de dónde procedían estos billetes. Pero comenzamos a recibir de Krishna este tipo de cosas.

Otra cuestión que Prabhupada nos inculcó desde los primeros días era que si tú asumes un riesgo para Krishna, entonces Krishna tiene que ayudarte personalmente. Y aquellos que ven a Krishna más de cerca, son los que asumen los riesgos más grandes para Él. Y nosotros pusimos a prueba esta lección al máximo. Y funcionó. Pudimos ver a Krishna. ¡Pudimos ver billetes de cien dólares caer rodando en la calle! Este espíritu ha muerto. [Ahora] estamos muy cómodos.”

Pasaje No. 2

“Recuerdo otra ocasión en México. México era un lugar bullicioso y poco refinado a principios de los setenta. Chitsukananda había organizado una reunión para Prabhupada en Cuernavaca, una especie de puesto de avanzada, un pequeño pueblo en las montañas arriba de la ciudad de México.

Prabhupada iba a hablar en la plaza de toros del centro de la ciudad. No hubo mucha concurrencia. Sólo unas pocas personas. Pero Prabhupada siempre se desempeñaba como si el sitio entero estuviera lleno a reventar, y daba todo de sí sin importarle nada, incluso si solamente había una persona oyendo.

Como sea, al final del programa comenzó a oscurecer, si mal no recuerdo, o ya era la última hora de la tarde. Salimos y comenzamos a caminar. El coche estaba a un par de cuadras de distancia. Y estábamos caminando en dirección del coche. Chitsukhananda, yo, y creo que Brahmananda también pudo haber estado allí, o por lo menos uno de los devotos más antiguos.

De repente, antes de que ninguno pudiese hacer algo, este borracho, digo, que de verdad estaba borracho hasta el copete, y que caminaba por la calle en zigzag, se dejo venir hasta nosotros y estaba a punto de chocar contra Prabhupada. Prabhupada se detuvo, levantó su bastón por los aires, y “púm”, le asestó un tremendo palazo al tipo en pleno centro de la cabeza, y lo dejo tirado a ras del suelo. Y la expresión en el rostro de Prabhupada fue como si nada hubiese pasado. [Carcajadas].

Siempre fue una persona calmada. Prabhupada siempre exhibió estas cualidades que tú vinculas con grandes santos. Están enumeradas, por supuesto. En este caso, Prabhupada siempre se mantenía con la cabeza calmada o ecuánime.

[Como la historia anterior nadie en México la conocía, un corresponsal de El Tambor se acercó a Nandanandana das --uno de los discípulos mexicanos de Srila Prabhupada que estuvo presente durante esa visita de Srila Prabhupada, y quien nunca consumió drogas como Syamsundara-- para preguntarle su versión de los hechos. Esta es su narración.]

Lo que escribió Syamasundara está lleno de inexactitudes. Syamasundara sí estuvo con Srila Prabhupada en México en 1972, pero nada pasó como lo narra. Brahamananda no estuvo presente, porque no estuvo en México esa ocasión. Cuernavaca no está en las montañas sino 800 metros más cerca del nivel del mar que la ciudad de México. Srila Prabhupada no iba a hablar en ninguna plaza de toros, sino en el zócalo de Cuernavaca.

Aunque el evento fue un poco improvisado, la gente que vio a Srila Prabhupada lo apreció. Srila Prabhupada no le dio ningún bastonazo a nadie. En el incidente, el borracho solo quería saludar a Srila Prabhupada. Ram Govinda detuvo al susodicho borracho, impidiéndole con su propio cuerpo avanzar más hacia Srila Prabhupada.

La conferencia principal en Cuernavaca ese día fue en el Hotel Casino de la Selva, que en esa epoca era el más lujoso de la ciudad. La audiencia fue con gente de muy buen nivel cultural y económico. Así que en Cuernavaca ese día hubieron dos conferencias, una en el zócalo para el pueblo en general, y la otra para gente más sofisticada.

Por lo visto a Syamasundara le está fallando la memoria. Es posible ver que los devotos extranjeros tienen una visión romántica de las cosas, que trata de enfocarse en lo exótico y lo pueril, y les gusta ignorar las cosas como aparecen antes sus ojos.

Pasaje No. 3

“Recuerdo que una vez en México alguien le facilitó un cuarto a Prabhupada. Sencillo, agradable, pero un cuarto muy limpio en una casa mexicana, y tras almorzar Prabhupada se recluyó ahí para tomar una siesta. Más o menos hora y media después, él hizo sonar su campanilla, y yo entré en el cuarto.

Prabhupada estaba sentado en el extremo posterior de la cama viendo fijamente a un crucifijo en la pared, que mostraba esta figura torturada de Cristo, y varias lágrimas estaban saliendo de los ojos de Prabhupada. Entonces él dijo: “Shyamasundar, por favor, ¿podrías quitar esto? Ellos han matado a su maestro espiritual para que puedan seguir pecando” [Shyamasundar se echa a llorar].

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El loro de Srimati Radharani

Narración de Sri Srimad Gour Govinda Swami Maharaja

Cuando Sri Sri Radha y Krishna manifestaron Sus pasatiempos en Dvapara-yuga, Srimati Radharani tenía un loro. Ella hacía que el loro se posara en Su mano izquierda y con la mano derecha le daba de comer jugosas semillas de granada. El loro le era muy querido a Srimati Radharani. Radharani decía: “¡Oh, loro! ¡Bolo krishna, bolo Krishna, bolo! : ¡Canta ´Krishna´! ¡Canta ´Krishna´!” Y el loro cantaba. Cuando Radha y Krishna concluyeron Sus pasatiempos y regresaron al mundo espiritual, Ellos dejaron al loro en la Tierra. Radha y Krishna le dijeron: “Loro, quédate aquí y recita el Bhagavatam”. En el Bhagavatam se dice “sri-suka uvaca”. “Sri” significa Radharani. Así que “sri-suka” se refiere al loro de Radharani.

Es por esta razón que en el Bhagavatam, Suka Goswami no ha pronunciado el nombre de Radha. Él lo pronunció indirectamente, pero no un modo directo. Suka Goswami es muy querido para Radha. Si él hubiera pronunciado el nombre de Radha, su voz se habría entrecortado, se habría llenado de éxtasis, y por lo tanto, no hubiera podido continuar hablando. Parikshit Maharaja estaba escuchando el Bhagavatam y al cabo de siete días iba a partir. De modo que si Sukadeva Goswami dejaba de hablar, ¿qué escucharía Parikshit Maharaja? Por tal motivo Sukadeva Goswami nunca pronunció el nombre de Radha en el Srimad-Bhagavatam. A veces la gente pregunta por qué no se encuentra el nombre de Radha en el Bhagavatam. Esta es la razón.

Sri Suka es el loro de Radharani; a él le gusta escuchar krishna-katha. Cuando el loro se dio cuenta que se había quedado en este mundo, se llenó del vehemente deseo de encontrar un sitio donde se hablase krishna-katha. Así que voló en dirección de la morada de Shivaji, Bhubaneswar, Ekamra Kanam: el paraje donde hay un enorme árbol de mango. A Shivaji le gusta el bhagavata-katha, krishna-katha. Aquí en Bhubaneswar Shivaji estaba recitando el Bhagavatam a su esposa Parvati. Shivaji estaba recitando sucesivamente desde el Primer Canto hasta el Duodécimo Canto. Parvati estaba esperando que Shivaji llegase al Décimo Canto, porque este Canto contiene todos los dulces pasatiempos de Krishna, Sus lilas con Radharani, con las gopis, y la narración de la danza del rasa. Shiva estaba recitando el Primer Canto, el Segundo Canto, con todos los tattvas y lilas de las diferentes encarnaciones de Krishna. Pero como Parvati no estaba particularmente interesada en estos lilas, cayó dormida.

Suka, el loro de Radharani, se puso a buscar por todas partes: “¿Dónde hay krishna-katha? ¿Dónde se está recitando este katha?” El loro pasó por Bhubaneswar y se percató: “¡Oh, aquí hay krishna-katha!” Acto seguido, se acomodó en una rama del árbol de mango mencionado y se puso a escuchar.

Mientras Parvati estaba escuchando a Shivaji, ella exclamaba de tanto en tanto: “Aja, aja, aja”. En el momento que Parvati cayó dormida, el loro continuó repitiendo: “Aja, aja, aja”. Mientras Shivaji hablaba, él también escuchaba: “Aja, aja, aja”. Pero en un momento dado notó que Parvati estaba dormida.

“Entonces, ¿quién está diciendo: ´aja, aja, aja´?”. Tras recorrer con la vista sus alrededores, Shivaji se enfocó en la rama del árbol de mango y se percató: “¡Ah, un loro se ha posado en esa rama! ¡Un loro está escuchando!”

Por esta razón a Shijavi se lo cita en el Caitanya-caritamrta (Madhya, 24.313) diciendo: aham vedmi suko vetti vyaso vetti na vetti va: “Yo sé el Bhagavatam. Sukadeva sabe el Bhagavatam. Desconozco si Vyasa lo sabe o no”. Bhaktya bhagavatam grahyam na buddhya na ca tikaya: “Únicamente mediante el bhakti una persona puede comprender el Bhagavatam. Al Bhagavatam no se lo puede comprender a fuerza de erudición, de aprendizaje, de inteligencia, de méritos, y tampoco por leer comentarios escritos por académicos”.

Shiva cayó en la cuenta: “¡Este loro está escuchando el Bhagavatam!” Entonces Shiva corrió para espantarlo. El loro voló desde Bhubaneswar hasta Badarikashram, donde Vyasadeva estaba recitando el Bhagavatam a su esposa. Mientras Vyasadeva hablaba, su esposa lo escuchaba con la boca abierta, a causa del gozo. El loro, en pleno vuelo, se metió en la boca de la esposa de Vyasadeva, y terminó en el vientre de ésta. Y allí se quedo. Ese suka nació posteriormente como Sukadeva Goswami, el hijo de Vyasadeva.



3 comentarios:

astika das dijo...

La versión de Nandananda es correcta. Yo llegué al movimiento hasta mayo de 1976, y por lo tanto no sabía de la visita de Srila Prabhupada a Cuernavaca. Hace unos años andaba de visita con otro devoto por esa ciudad. El devoto me señaló el sitió donde Srila Prabhupada dictó la conferencia. Me acerqué hasta los puestecitos del zócalo, y cuando alguien vió mi sika me identificó como devoto, y me confesó que él había presenciado todo, y me contó toda la historia. Su historia coincide perfectamente con la de Nandananda das, y no con la de Syamasundara das. A la mirona (porque es mujer) le había impresionado mucho la calma absoluta que siempre observó Srila Prabhupada a pesar de la presencia del borracho.

Lo que me parece más extraño en la narración de Syamasundara das es que haya inventado lo del bastonazo, pues ese hecho presenta a Srila Prabhupada, como alguien violento, y no como la persona completamente ecuánime que fue. Lo de las montañas me parece más irrelevante pues a pesar de que yo he ido 2,000 veces a Cuernavaca siempre me ha parecido que está en las montañas. O sea que, además del mensaje principal de esta anécdota, hay un mensaje subliminal:no hay que usar drogas, pues por usarlas Syamasundara alucinó lo del bastonazo mientras que Nandanana que no las utilizó vio las cosas Tal como Son. Haribol!

MANUEL dijo...

NECTAR , PURO NECTAR DE FRUTA FRESCA RECIEN RECOGIDA , SOLO ESO ES, NECTAR, JAYA RADHE, JAYA KRSNA, JAYA VRINDABAN

Lady Didi Dasi dijo...

Que bonita la historia del loro de Radharani debo decir que el tambor rugiente es un maravilloso espacio para la expansion de la cultura vaisnava ademas de informarnos de las cosas tal cual suceden para poder usar nuestro discernimiento y sentido de la discriminacion por ello estoy muy agradecida para mi ha habido un antes y un despues al tomar contacto con este blog muchas gracias y felicitaciones