domingo, abril 25, 2010

Todo Turbio


por Lila Madhava Dasa
Vrindavan, India

Por albures del destino fui sirviente de Jayapataka Swami por espacio de un año. Esto me dio la oportunidad de convivir de cerca con esta persona. Así pues, basado en mi experiencia, puedo decir de manera muy concluyente que en Jayapaka hay muchas cosas que no encajan con el bhakti puro, mucho menos con la vida de un sannyasi.

Son tantas las anomalías que noté en su manera de ser, que no sé donde empezar. En fin, comenzaré diciendo que Jayapataka trata a su secretario y/o sirviente personal como esclavo: él tiene realizar una interminable cantidad de quehaceres todos los días; lidiar con medio mundo, y organizarle todos sus programas. El esclavo nunca descansa y es generalmente el más maltratado de todos. Se tiene que levantar antes que Jayapataka, le tiene que preparar su ropa, tiene que asegurarse que los alimentos que se ordenaron “a la carta” el día anterior estén efectivamente cocinados. También tiene que llevar un inventario y meter en las maletas todos los aparatos electrónicos que Jayapataka requiere para su uso (cámaras fotográficas, grabadoras, vídeos, computadoras y un largo etcétera). Todas las baterías tienen que estar cargadas, porque como Jayapataka es una persona muy caprichosa, no se sabe cuando va a disponer de estos aparatos. Y si no tienes las baterías listas, te hace pasar vergüenzas frente a los demás, como si utilizarlos para despreciarte fuese una acción edificante. Pero lo irónico es que sin este secretario menospreciado, Jayapataka no podría hacer absolutamente nada, pues como viaja con tantos útiles y avíos, le sería imposible saber dónde están.

Incluso se han redactado manuales para que el esclavo no enloquezca, en el que se indica en que sitio debe ir los bártulos. Jayapataka viaja con 4 maletas grandes y 4 maletas de mano, pero como es “viajero preferencial”, puede llevar semejante cargamento, sin contar las maletas del secretario, cuyo espacio el hombre aprovecha para rellenarlo con sus cosas. Y claro, no olvidemos que en cada lugar que visita lo llenan de regalos, además de que él personalmente compra un montón de bagatelas que sólo terminan acumulándose en galpones que tiene en Mayapur específicamente para tal propósito. Tiene años acumulando cosas. ¿Qué cosas?: relojes, toneladas de prendas de vestir, innumerables aparatos eléctricos y un montón de otras excentricidades.

También cabe detallar que como Jayapataka tiene décadas de darle vueltas al mundo por vía aérea. Ello le ha significado acumular una cantidad indecible de millas “bonus” que ceden las aerolíneas, y que podría canjear por boletos, sin embargo muchos “puntos” se desperdician. Y para pagar los boletos y todos sus gastos se vale de más de 50 tarjetas de crédito Platinum, Gold, etc. de todas las firmas financieras internacionales. Además siempre viaja llevando consigo mucho dinero en efectivo, en diferentes monedas. O sea, estamos hablando de una persona definitivamente millonaria. No estaría mal si hablásemos de un vaisya ávido, pero es una aberración para una persona con el disfraz de renunciante. Ahora bien, en lo tocante al esclavo, …¡el esclavo no recibe ninguna compensación por su trabajo, y por lo tanto él mismo tiene que ingeniárselas y colectar para pagar sus boletos de avión y cualesquiera gastos personales! Ese es el precio que tiene que pagar para poder viajar con el autoproclamado “rey”…

Para ser explícito, si apilásemos dos Bhagavad-gitas uno encima de otro, esa es la altura de pasajes aéreos abiertos que Jayapataka tiene a su disposición y que puede usar cuando quiera, conectando todos los puntos del planeta. La pregunta es: ¿cómo es posible que halla logrado reunir esa bestialidad de boletos? Bueno, la respuesta es simple: siempre hace que los templos y seguidores le compren boletos. Tras recibirlos, los mantiene bien guardados. Ah, pero muchísimos boletos se vencen, y ello pone de manifiesto la manera tan “diligente” como Jayapataka utiliza el dinero de los discípulos en la ejecución de servicio devocional… No le importa despilfarrar; total: esa es su comprensión de aplicación práctica del seva de sus seguidores.

Pero lo anterior no es todo. Cuando comienza una vuelta alrededor del mundo, Jayapataka compra boletos “around the world”, los cuales son más económicos, cubren la mayor cantidad de ciudades o puntos de viaje, y te permiten llevan más carga, entre otros beneficios. Por su parte, el esclavo, que no tiene tales recursos económicos, repito, cada vez tiene que comprar su boleto a costa de grandes esfuerzos. Estos boletos “around the world”, que en ocasiones abarcan hasta 40 ciudades, tienen ciertas restricciones, así que cambiar de ruta o de fecha conlleva el pago de multas. Pero como Jayapataka siempre altera su itinerario, comisiona al esclavo para que vaya a la oficina de la aerolínea para dar la cara y opere dichos cambios de última hora. Aquí tengo que decirles que el propio Jayapataka nos enseñó a mí como y a su secretario estrella, Ekanath Gaura, cómo engañar y birlarle dinero a las compañías aéreas. Les cuento. Cuando se hace un cambio en la ruta original, Jayapataka nos dijo que es muy fácil confundir al operario que hace los cambios. Primero nos enseñó a llegar a la agencia de viajes —principalmente las de Suramérica, donde los dependientes tienen modestos niveles de educación y de cultura— muy bien vestidos, portando móviles (celulares) y laptops de última generación, y luciendo relojes muy valiosos. Con esta pinta de millonarios se logra impresionar a los dependientes e intimidarlos mentalmente. Tras presentar nuestras razones mentirosas por las que los cambios de ruta son necesarios, los dependientes nos entregaban unos formularios o nos mostraban las pantallas. Y como ya sabíamos de memoria las claves electrónicas, muchas veces escritas por los propios puño y letra de Jayapataka, alterábamos las fechas y destinos sin que los empleados se dieran cuenta. Era fácil: anotábamos los destinos ya fijados del boleto original, pero alterábamos marrulleramente el orden de los códigos. Por ejemplo, un boleto LIM-STG-BUE-LIM, que indicaba un vuelo con paradas sucesivas en Lima, Santiago, Buenos Aires, y de regreso a Lima, lo reacomodábamos como LIM-STG-BUE-AUK-LIM; o sea, Lima, Santiago, Buenos Aires, Aukland (Australia) y Lima como destino final. En otras palabras, estafábamos a la aerolínea con un vuelo traspacífico extra que no se había pagado. Con este timo fraguado por Jayapataka, conseguimos alterar y obtener decenas de decenas de pasajes chuecos “caídos del cielo”.

Pasando a otro tema, según me consta, Jayapataka jamás se preocupa por lo que le sucede al esclavo o esclavos a nivel espiritual o material. En este caso, el “rey” nunca socorre al esclavo. A pesar de que en reiteradas ocasiones le dije que por favor me ayudara en asuntos realmente importantes en mi vida devocional, Jayapataka nunca tuvo la atención de dedicarme media hora de su tiempo o darme consejo alguno. No. Lo único que esperaba de mí era servicio y más servicio, ininterrumpidamente. ¡Esa era la manera como él concebía que yo iba ir, mecánicamente, al “mundo espiritual”!

Sin embargo, tras años de introspección y de luchar para sacarme esa ilusión de “que estaba sirviendo a un gran devoto”, finalmente pude ver la situación tal cual es. En el tiempo que estuve cerca de Jayapataka claramente me di cuenta que él realmente no le importa la gente. Él solamente está liderando una campaña personal para alimentar su ego, su inflada concepción de sí mismo. A él sólo le interesa acumular la mayor cantidad posible de discípulos, toda vez que tiene que reponer aquellos a quienes frustra total y cíclicamente por no prestarles ninguna atención. Sus discursos son más recuentos de sus glorias que alocuciones sustantivas para animar devocionalmente a las personas. Para muestra un botón: en una ocasión revisé su correo de PAMHO y vi que tenía más de 16.000 cartas sin abrir. Como dice el refrán: el que mucho abarca, poco aprieta. Jayapataka, pese a ofrecer indiscriminadamente por todo el planeta sus servicios de “gurú”, es incapaz de resolver las dudas de los devotos, de reciprocar tangiblemente con ellos, de ayudarlos en momentos de necesidad, en fin, de tratarlos como personas, qué decir de conducir una relación formal de maestro-pupilo con ellas. Claro, los espectadores del circo de “la devoción” que es Iskcon, todos lo ven como un gran maha-rati. Pero para mí Jayapataka es un profesional que cumple bien su función de “gurú industrial” con mucha pompa pero poca sustancia. La mayoría de gente ha fallado en detectar para quién trabaja en realidad este señor.

Dado que yo fui integrante del círculo privado de Jayapataka puedo seguir narrando muchas cosas que presencié directamente y que están completamente divorciadas del servicio devocional puro tal como lo describen las escrituras y los acaryas. Por ejemplo, por instrucción suya, me volví pareja de Sarva-shakti d.d., una mujer con muchos problemas, pero experta manipuladora de hombres (omito detalles). En fin, solamente quiero reiterar que tuve una larga y estrecha relación con Jayapataka, y la verdad es que su conducta personal no encaja en absoluto con el modelo de bhakta que Srila Prabhupada tantas veces describe en sus libros, y que supuestamente lo representarían tras su sentida partida.

Para concluir esta breve reseña de mis experiencias con un “rey” de pacotilla, permítanme contar un último “pasatiempo” de Jayapataka. En el que momento que me convencí de lo que mi dictaba tanto mi voz interior como mi inteligencia, me acerqué a él y sin tapujos le hice preguntas relacionadas con su conducta irregular. Yo en realidad quería desvanecer cualquier mal entendido de mi parte. En esa ocasión estábamos en la Belgrado asistiendo a un festival, durante el cual caí enfermo porque tenía literalmente dos semanas de trabajar sin parar y de dormir difícilmente dos horas al día. Ekanath también vivió la misma y desgastante jornada; es más, creo que estaba más apaleado que yo. La cuestión es que Jayapataka partió intempestivamente con rumbo a Rusia, y me dejó a mí varado sin previo aviso. Maltrecho como estaba me las arreglé para viajar a Londres. Pocos días después recibí un e-mail en el que me informaban que Jayapataka se había desentendido de mí porque supuestamente yo había tratado de violar a una mujer durante el festival de Belgrado. ¡Yo me quedé boquiabierto! No tenía ni idea de qué estaban hablando. Sentí mucha rabia en mi interior. Cuando de nuevo nos encontramos en Mayapur, Jayapataka me trató de convencer de que él había tratado de desmentir el rumor, y que había defendido mi integridad. Pero la verdad es que el propio Jayapataka fue el que echó a rodar el rumor con la clara intención de desprestigiarme, justo después de que le hice las preguntas comprometedoras aludidas, y que de manera incuestionable, desvelaban la clase de persona que es él. Esto me lo confirmó el año siguiente una devota en Vrindavan, una devota que también abrió los ojos, ¡Realmente una maniobra despreciable y maquiavélica!

Al cabo de varios años, tras distanciarme deliberadamente de todo este circo, me enteré que hay una carta firmada por Jayapataka, una especie de lista negra, en la que aparece mi nombre como persona non grata en Mayapur. Esto es irónico, por una parte, porque todos los devotos de esa localidad habían sido testigos de mi servicio tesonero y sincero. Y por otra parte es absurda toda vez que fui yo el que decidió apartarse de los safaris de Jayapataka y del culto a la personalidad que ha montado en torno a él, siempre sediento de fama, reconocimiento y opulencia (yo participé 10 años seguidos en los safaris y en los parikramas de Mayapur. Incluso, llegué a tener una casa dentro del complejo de Iskcon).

Conclusión: tuve la amarga vivencia de convivir con Jayapataka, pero ésta también tuvo un aspecto positivo: me permitió comprender con muchísima profundidad y realización el mensaje divino de Srila Prabhupada. Por recorrer los templos fundados por él y escuchar pasatiempos suyos de labios de testigos presenciales, pude darme cuenta de qué Srila Prabhupada era una personalidad muy compasiva y sencilla. ¡Lo opuesto de lo que actualmente son sus supuestos líderes! Pude percatarme de primera mano de lo complicadísimos y politicazos que son, pues participé en violentas discusiones que ellos protagonizaban, peleándose por tener discípulos (unos querían más, y otros les decían que debían ser “menos”). Hablo de los “guritos” y del tamaño de las zonas. Y de las áreas de influencia. Literalmente uno le vociferaba al otro: “¡¡¡NO VENGAS A MI ZONA!!!

A pesar de los grandes desengaños que me tocó vivir, la vivencia me sirvió positivamente en el sentido de que pude presenciar la cruda realidad de kali-yuga, la era de los hipócritas y farsantes. Pude observar a agentes infiltrados de Maya, enviados por saber ni qué agencia de inteligencia, que se dedican a desbaratar la misión que con tantos esfuerzo y devoción construyera Srila Prabhupada, y que paralelamente han instaurado una pseudo religión para adoctrinar a millares de personas incautas, y así distanciarlas del verdadero siddhanta y mensaje de amor que nos legaron Srila Prabhupada y los acaryas antecesores.

En la actualidad tengo la muy afortunada bendición de residir en Vrindavan. Por la gracia de Srila Prabhupada y Sri Chaitanya Mahaprabhu, todos los días adoró a 500 salagrama-silas, que son los testigos de que todo lo que he dicho es verdad. Por lo tanto, no me arrepiento de la decisión de haber elegido voluntariamente de estar cerca de Jayapataka, ya que la misma me ha llevado a la hermosa realidad que vivo ahora. Gracias a dicha vivencia, hoy por hoy me considero un hombre sincero que por la gracia de Srimati Radharani ha podido cultivar una buena capacidad de discriminación. Por último, con toda humildad les ofrezco a todos los valientes lectores de “El Tambor”, que tienen “hambre y sed de justicia”, el siguiente consejo: No compren a la ligera, de primera mano, compelidos por proselitistas fanáticos. Si no se dejan presionar y observan detenidamente, verán que hay más máscaras de lo que se puede detectar a simple vista. Y la verdad es que al mundo espiritual se llega sin máscaras. Tenemos que ser muy cuidadosos con las decisiones que adoptamos y con lo que hacemos en nuestra vida. Principalmente, tenemos que muy cuidadosos en lo referente a quién o quiénes escogemos como guías que nos conducirán a la morada de Sri Radha y Sri Krishna. No nos dejemos sorprender por imitaciones baratas de Srila Prabhupada. Por el contrario, internémonos en el cielo espiritual de sus dulces pasatiempos, y afanémonos al máximo de seguir SUS instrucciones. Éste es sin duda el mejor medio para alcanzarlo no sólo a él, sino llegar a servir amorosamente a la Divina Pareja de Vrindavan.

Implorando bendiciones para todos, desde Vrindavan Dham,

¡¡¡RADHE RADHE!!!

1 comentario:

Carlos dijo...

y que dice este devoto Lila Madhava que tanto tiempo estuvo con el guru Jayapataka sobre la vida diaria de este. Siempre se rumoreo que el no seguia ningun programa ni cantaba sus rondas de japa, quien mejor que alguien que estuvo varios años tan cerca de el para confirmarlo o desmentirlo. Gracias por responder. Karunakaran Dasa