miércoles, octubre 21, 2009

Sólo queríamos estar contigo


Ofrenda de Sriman Syamasundara das (ACBSP).
Vrindavan Dham, día de la desaparición
de Srila Prabhupada, 1996

Traducción: Aniruddha das

Yo he visto como tu presencia llena millares de recintos, Srila Prabhupada, desde humildes covachas hasta centros de convenciones y palacios habitados por reyes. Te he visto conquistar e iluminar los corazones de millones de personas, desde mendigos y aldeanos hasta truhanes y canallas empedernidos; desde multimillonarios y eminentes hombres de ciencia hasta practicantes y clérigos de todas las religiones. ¡Fui un testigo ocular de tus victorias!

No muchos tuvieron la oportunidad de estar tan cerca de ti, que te arropabas con el torbellino de tu heróica campaña.

¡Ah!, no nos dimos cuenta de cómo “se escribía un nuevo capítulo de la historia”, y tampoco de que el líder espiritual más grande de todos los tiempos había descendido entre nosotros. Tal vez, al igual que los vaqueritos de Vrindavan, quines aparte de Krishna no conocían a nadie más, nosotros tampoco conocimos ni nos importaba ninguno excepto tú. Estábamos tan embebidos en la bienaventuranza subyugante que producía el estar cerca de ti, ...¡que no supimos y ni siquiera nos interesó saber quién eras y por qué lo eras! ¡Tan sólo te considerábamos nuestro bienqueriente eterno!, ¡el amigo que siempre respondía nuestras cartas!, ¡el líder de la pequeña pandilla que formamos!, ¡el promotor de nuestras aventuras!, ¡el mejor amigo que teníamos!, y ¡el guía que nos protegía de los toscos demonios de nuestro pasado y del mundo en llamas que nos rodeaba!

¡Ah, cómo anhelábamos tu atención! En cada ocasión u oportunidad que se nos presentaba, tratábamos y nos afanábamos, y hasta conspirábamos e intrigábamos. "¡Hey, Srila Prabhupada!, ¿quieres mover esa montaña? ...No hay problema: ¡ahora mismo te la quitamos!” ¡Tan sólo queríamos estar contigo!

No fueron muchos los que tuvieron la oportunidad de ser protagonistas de tu ese período formidable de tu historia. Y si ahora no recordamos ni transmitimos tus gloriosos pasatiempos, entonces, cuando los pocos testigos que quedan hayamos partido, ¿quién contemplará las totalmente rosadas plantas de tus pies, instantes antes de las escondas por debajo de un pliegue de tu dhoti azafranado?

Una vez que los pocos que quedan hayamos partido, ¿quién escuchará la contera de bastón golpear las aceras de millares de pueblos y ciudades? ¿Quién escuchará tus rugidos de león o los suaves suspiros que emitías cuando nos dabas tu consentimiento?

¡Quién olerá la penetrante mezcla de aceite de mostaza y aceite de sándalo que se percibía cuando te daban masajes, o la hedentina que provenía de una callejuela de Hong Kong sobre la cual hiciste un comentario?

¡Quién degustará el néctar de tus charlas “gratuitas y accesibles para todos”, o el sentimiento de expectación y la electrizante sorpresa de intercambiar una cuantas palabras contigo! ¡Quién saboreará el prasadam que repartes con tu mano? ¿Quién experimentará las lágrimas saladas que causan tu reprimenda, tu trato cariñoso, tu llegada y tu partida!

Hace pocos días, Srila Prabhupada, yo caminaba por una de las calles de Vrindavan, y, de súbito, una profunda tristeza se apoderó de mí; un sentimiento de soledad e infinita compunción por haber perdido a alguien irremplazable. Acto seguido, caí en la cuenta de que la última vez que había caminado por dicha calle, yo era un soldado de tu ejército a quien se le había asignado una tarea, y que con antelación degustaba interiormente la emoción de volver ante ti y presentar su reporte: “misión cumplida, Srila Prabhupada”. O lo contrario; ello no tenía relevancia. En realidad, ¡dicho soldado tan sólo quería contemplar una vez más ese augusto y dorado rostro tuyo!, ¡escuchar algún comentario, alguna respuesta, la cual siempre, pero siempre era una respuesta increíble! ¡Ah, aquellos días estuvieron llenos de gloria, preñados de significado, de excitación sobrenatural! Ahora estoy caminando por la misma calle, ¡pero con el corazón abatido a causa de extrañarte tanto!

Tú has dicho que el amor es más dulce que el estado de separación. Yo no puedo opinar respecto a esto, Srila Prabhupada. La indescriptible agonía que experimento de saber que ya no estás de vuelta en tu dormitorio esperando mi reporte del final del día, es un sentimiento desgarrador. ¡Oh, Dios!, yo puedo pretender que estás ahí, ...hablar con sombras, ...recrear mentalmente tu rostro, e, incluso, saber que definitivamente tú ahora habitas en algún plano espiritual, plano que mi escaso progreso espiritual me impide percibir. Sin embargo, ¡este amor en estado de separación no puede continuar para siempre! Me aterroriza el pensamiento, Srila Prabhupada, de que si no concluyo con éxito lo que resta de esta cortísima vida, entonces puede que no tenga la oportunidad de estar nuevamente contigo. ¡Me figuro nacer otra vez en algún sitio desconocido, y que tú no estás allí! ¡Oh, Srila Prabhupada!, ¿cuándo volveré a verte otra vez?

Pero vamos, al mismo tiempo soy una persona razonable. El pánico no me doblegará. Tú nos has dado la fórmula, un mapa e instrucciones precisas referentes a cómo encontrarte de nuevo. Después de todo, es un panorama esperanzador.

Lo único que te pido, Srila Prabhupada, es que infundas en mí un poco de tu fuerza para seguir tus estrictamente las instrucciones que nos impartiste; un poco de inteligencia para no entrar en senderos falsos y atracciones sin salida, y un poco de memoria para recordar cada momento que la pasamos juntos. Oro para que me concedas la guía de tus muchos devotos puros, y cuyo brillante ejemplo –el cual presencio alrededor mío en este preciso momento—, avive la esperanza de que a pesar de todo, algún día vuelva sobre mis pasos, camine el último tramo de ese corredor final, abra la puerta, y...¡nuevamente me encuentre ante tu presencia maravillosa! Aunque sea como una minúscula brizna de hierba en el florero de tu despacho, o una diminuta hormiga que camina cerca de ti, que estás allí, reclinado, con uno de tus brazos apoyado sobre un cojín, una pierna flexionada firmemente sobre la rodilla de esta. ...¡Allí estás tú, con un millar de planes que destellan cual chispas en lo profundo de tus ojos, y con una expresión impredecible a punto de dibujarse en las comisuras de tu boca!

¿Qué será en dicha ocasión, Srila Prabhupada? ¿Un ceño fruncido, una expresión infantil, una dulce sonrisa, un gesto de aprobación o una carcajada a mandíbula batiente? ¿Q ué le aguarda a este inconstante pero fiel sirviente tuyo, siempre presto a presentarte un reporte completo? ¿Qué me espera otra vez en esos millares de cuartos donde vives rodeado de tus hermosos bhaktas, allá en la tierra de Krishna, allá de regreso en casa!

¡Todas la glorias a ti, Srila Prabhupada!

2 comentarios:

Dharma dijo...

Buenisima ofrenda y muy buena realizacionde este sincero
Srila Prabhupada.
y el constraste de hridayanda que sale en un video hablando mal, de S.P. con duadas en su cabeza

xavier.krsnadas.anell8 dijo...

Esta es Una obra de arte , este devoto hablo con su corazon es muy sincero , y se puede ver que aunque no tiene grandes titulos ni Phd,s ni mucho snscrito ni tanto show ,
Tiene verdadero amor a Srila Prabhupada , y mucha realizacion, muchas felizitaciones , buen ejemplo