
por Aniruddha das
En esta ocasión quiero compartir con los lectores de “El Tambor Rugiente” una carta que Ananda Vidvan Swami me envió a mí de manera confidencial. La tituló:
“Evolución”. La carta también fue dirigida a otros devotos que él considera sus confidentes. Dos párrafos de la antedicha carta constituyeron la base del post “
Ananda Vidván Swami en Costa Rica”, y, por lo tanto, ustedes los leerán por segunda vez.
Tras publicar el post mentado, a vuelta de correo Radha Krishna me trasladó privadamente unas cavilaciones suyas en torno a la orden de
sannyasa, y cómo en Iskcon la razón de ser de esta orden ha sido totalmente desvirtuada, y, a decir verdad, en mi opinión, profanada y hasta untada con excremento humano por muchos que hoy posan como “swamis” de la sociedad espiritual fundada por Srila Prabhupada.
Radha Krishna me escribe:
“Hace 10 años, en los foros de Iskcon, yo propuse que los sannyasis deberían estar sujetos a estrictas normas de comportamiento, y que si no llegasen al estándar de los monjes ´sky clad´ de los jains, por lo menos se dejara claro qué es un sannyasi renunciante en Iskcon.
Aparecieron objeciones que decían que en tiempos de Srila Prabhupada él consintió que los swamis tuvieran los gadgets y controlaran millones de dólares. Pero para eso tenemos dos contra-argumentos: 1) Ya ha pasado suficiente tiempo para que esos supuestos renunciantes hagan la transicion a [los] grhasthas, y 2) Están tan quemados que sólo una renovación total puede reestablecer su reputación.
Es muy importante darle énfasis a este tema, que en pocas palabras significa la fuerza de la pureza versus transas, sodomías y meretricios palaciegos”.Como por el momento Ananda Vidvan Swami no accede a la internet, copié a mano este comentario de Radha Krishna y tras regresar a la finca de Cartago, se lo leí a aquel. Ananda Vidván Swami se quedó meditando por unos segundos y luego me hizo unos comentarios, comentarios que incorporaré más abajo, después de que lean la carta aludida en el primer párrafo:
Hermanos, mi evolución en sadhana dio lugar a una evolución en vairagya y shraddha (desapego y fe). Y con esa evolución en vairagya y shraddha se hizo artificial seguir viviendo como estaba, pues las metas del ashram de brahmachari ya se habian cumplido, y era necesario cerrar ese gran capítulo de mi vida de la mejor manera...
Entonces….
Cuando, de acuerdo con nuestro sistema de parampara, le presenté a un respetado y respetable sannyasi la solicitud de que me otorgase la orden de sannyas, le propuse que debido a que yo no estaba entrando en esta modalidad de renunciación mediante los protocolos de la GBC, podíamos hacer una ceremonia secreta, para evitar políticas en contra de él. Y él sancionó mi entrada a la orden de sannyas, con el entendido específico de que el nombre de mi sannyas guru no debía ser revelado.
Y dijo: “Nadie puede decir que no has tenido paciencia para tomar sannyas. Tú has sido muy paciente. Cuántos años desde que Srila Prabhupada desapareció, y tú has estado allí pacientemente, sabiendo lo que está pasando. ¡Cuánta paciencia! Y tu récord de comportamiento es limpio. No hay problemas con matajis. Nadie puede decir nada. Y la edad también es correcta […] ¡Ah, 56! Nadie puede decir nada.”
Y me bendijo, diciendo: “Toma la danda y no mires atrás”.
Yo lo escuché y no hice comentario alguno. Pero aquí puedo agregar que nunca anduve apresurado por “volverme” sannyasi, y que esta orden de sannyas no es el producto de las manipulaciones de rajo-guna para un propósito ulterior, sino que es el resultado de algo que ya existe: la evolución en sadhana, vairagya y shraddha. No tiene el propósito de buscar nada, sino de absorberse más en lo que ya se ha obtenido: una evolución.
Y no es por impaciencia que no he optado por los protocolos de la GBC. Es por la convicción de que Srila Prabhupada y Krishna me han dado la bendicion de vairagya, y que por lo tanto otros no tienen por qué objetarlo. Hasta Guru Prasad Swami ha dicho: “You have been patient for umpteen years [Has tenido paciencia por tropocientos años] ”.
En 1988 les dije a algunos que me proyectaba para sannyasi en el año 2000. A todos les pareció razonable porque en aquella época mi edad ya era de 33 años (una edad bastante buena para una decisión que selle el rumbo de tu vida), y además “faltaba mucho tiempo”, “quedaban 12 años para preparatoria” y “era en el otro siglo”. Pero el 2000 vino y se fue, porque aunque el bhava de vairagya estaba presente, no se había despertado en su plenitud, pues todavía existía la impresión de que quedaba algo por obtenerse. Pero esa impresión ha dejado de existir, por un incremento en el sadhana de cantar el santo nombre. La decisión se hizo final durante el chaturmasya del 2009, y el momento propicio también se seleccionó con meses de antelación.
Cuando ha llegado el momento, cuando tú reconoces que ha llegado el momento, cuando estás convencido que ha llegado el momento, es artificial ponerse a esperarlo. Eso sería miedo, y vairagya no se lleva bien con el miedo. La artificialidad puede darte muchas cosas, como ventajas y comodidades, pero no puede darte vairagya. No tiene sentido hacer juramentos de “loyalty” [lealtad institucional] para ganarse una promoción.
Desde el día en que Srila Prabhupada me dio refugio a sus santos pies de loto y abrió mi corazón al conocimiento de Krishna conciousness, de la manera y bajo las circunstancias que tuvo a bien hacerlo, con lo cual me hizo su discípulo por agradecimiento para toda la vida, en aquel año del 1975… desde ese día… al 2010… pasaron 35 cuidadosos años en un proceso de paciente maduración ––(servicio, estudio, prácticas, 20 años en la India, aprendizaje de lenguas, penetración en las raíces, observación, autocontrol, reflexiones…)–– para que llegara el día en que él me hizo su sannyasi, también de la manera y al estilo en que tuvo a bien hacerlo, y también como un acto de mayor entrega y mayor gratitud de mi parte.
Dónde y cuándo ocurrió esto, son detalles que deseo mantenérmelos reservados. Lo que sí puedo decir, es que saliendo de Vrindavan tomé un tren para llegar 56 horas después al lugar donde me sentaría ante el sacrificio de fuego, y donde la orden de sannyas tuvo a bien descender sobre mis hombros, dándome su investidura y acogida…, porque yo ya no tenía ningún otro lugar…
Allí, en el altar de sacrificio, con el pretexto de dakshina, me desposeí hasta de la última rupia. Luego levanté una pequeña “maleta”, con un dedo, y la coloque a mi hombre izquierdo, y habiendo botado mis sandalias empecé descalzo a caminar por un trillito que me alejaba de aquel santo lugar, danda y japa en mano. Un único testigo me miraba, y en su mirada había una luz de tristeza, pero también de aprobación, que se leía como si dijera: “Este hombre va solo, pero confiando en la protección de Paramatma”. Caía la tarde…

Lo rodeó la oscuridad, pero el hombre siguió abriéndose paso hacia adelante, hasta que decidió descansar a las 2 de la madrugada, a la semi-interperie, a la orilla del camino, que ya era una carretera en zona rural.
Una media luna ya había salido y brillaba en el cielo, por encima de las copas de los árboles. A lo lejos, el aullido de jaurías de chacales; y en la proximidad, el tronar y el cimbrar de los camiones de carga. Así, sin poseer nada en este mundo, sin derechos de ninguna clase en este mundo, y sin tener nada que envidiarle a nadie en este mundo, lleno de paz se quedó dormido.
Bañado por la luz de la luna e iluminado el corazón con recuerdos de Krishna, con la cabeza sobre la maletilla, lleno de paz, se quedó dormido.Así fue el primer día de Ananda Vidván Swami tras haber adoptado
sannyasa. No hubo fiestas ni agasajos; no hubo amigos para felicitarlo, y tampoco hubo dinero ni regalías que, como premio, lo recibieran en su nueva orden. No hubo arreglos de habitaciones privadas para él. Ni mucho menos nadie que lo asistiera como sirviente personal. Más bien solo y descalzo, empezó, por lo que se deduce de la anterior carta, un peregrinaje. Y la primera noche la pasó en descampado en la ronda del camino. Y se puede inferir que muchos meses fueron como esa noche (2010-2011). Hasta que lo trajimos a Costa Rica.
A modo de conclusión, Ananda Vidván Swami me aseguró: “Después de la libertad que experimenté peregrinando descalzo, sin dinero, sin mendigar, y viviendo bajo el cielo descubierto por muchos meses, viajar en avión me pareció subhumano”.
Como disciplina alimentaria que ayuda a controlar los sentidos y controlar la mente, Ananda Vidván Swami no come ni sal, ni azúcar, ni aceites ni gui, ni ninguna clase de especies (chile, comino, canela, etc.). Su dieta principal consiste en bananos y arroz hervido sin sal.
En un día de mi estadía en la finca Hare Krishna de Cartago, alguien le obsequió a Ananda Vidván Swami una bolsa de cinco libras de arroz empacado. Ananda Vidván Swami leyó que la bolsa tenía impresa una nota que decía: “Arroz enriquecido con vitaminas”. Entonces él respetuosamente le dijo a la persona que le obsequió el arroz que no podía recibirlo porque éste estaba “enriquecido”. Obviamente, de esto se deriva que él no ingiere alimentos enriquecidos, procesados o genéticamente modificados.
Lilanath Prabhu, uno de los devotos residentes de la finca Hare Krishna de Cartago, hizo el siguiente comentario otro día que regresábamos del templo al pequeño cuarto que ocupa Ananda Vidván Swami:
“Cuando venía aquí, yo le llevaba a Jagat Chaksur, que ahora se llama Bhakti Sundar Goswami, el maha-prasadam de las Deidades. Y Jagat Chaksur lo probaba, como si fuera un degustador tipo gourmet: 'Este dhal no tiene suficiente sal'. 'Este dhal no tiene suficiente jengibre'. 'Este chapati está muy duro. Prabhupada dijo que los chapatis tenían que ser suaves'. 'Este subji tiene mucha cúrcuma'. Y parecía que siempre estaba buscando un defecto en el prasadam, y que nunca estaba complacido, por más esfuerzos que yo hacía en cocinarlo”.Ése no es Ananda Vidván Swami.
Para recibirlo, los devotos de la finca habían colocado en el cuarto una cama con colchón, así como sábanas, almohada, cobijas y toallas. Pero Ananda Vidván Swami pidió muy respetuosamente que por favor retiraran todas estas cosas, y que le trajeran una caja de cartón donde cupiese su cuerpo horizontalmente. Y ahí, contra una pared de su cuarto, se pueden apreciar los cartones de una caja dividida en tres pedazos. Y de almohada, Ananda Vidván Swami usa un
dhoti enrollado sobre una chadar. Y de toalla, un trozo de
dhoti viejo desechado.
Ananda Vidván Swami prefiere dormir de esa manera siguiendo el ejemplo de Sri Chaitanya Mahaprabhu en el cuarto de
gambhira. Algunos dirán que ese no es el estándar que Chaitanya Mahaprabhu sentó para Sus seguidores. Que Srila Prabhupada sí manejaba dinero. Que Srila Prabhupada sí comía alimentos preparados muy esmeradamente para la Deidad con sal, gui y especias. Que Srila Prabhupada comía dulces. Que Srila Prabhupada aceptaba dormir en camas debidamente acondicionadas. Etcétera.
A esto Ananda Vidván Swami nos responde:
“Esos son los mismos argumentos que nos dieron los once individuos que se nombraron gurús tras la partida de Srila Prabhupada. De que Srila Prabhupada aceptaba guru-pujas diarios, y que por tal razón ellos también lo iban a aceptar. Pero esos once gurús no son pramana.
“Entonces, si el argumento es que Srila Prabhupada aceptaba camas, dinero y prasadam esmeradamente preparado, ello no quiere decir que los sannyasis de su movimiento tengan que aceptar estas ofrendas, porque no tienen la misma estatura espiritual de Srila Prabhupada.
“Las cosas que Srila Prabhupada hizo, no todo el mundo las puede ni las debe hacer. Lo que sí deberían hacer es que así como Srila Prabhupada esperó 70 años para empezar a iniciar, los gurús de Iskcon habrían de esperar hasta tener esa misma edad. Y de esa manera se habría evitado la hecatombe de que el 50% de los gurús o más, se haya caído aparatosamente. De esa forma talvez nos hubiésemos evitado la vergüenza de un Bhakty Abay Charan Swami, un Paramgati Swami y un Umapati Swami”.
Ananda Vidván Swami no permite que le tomen fotografías, no usa micrófono, ni consiente que le graben sus clases. El comenta sin ambages:
“Hubo muchos “Tape Ministries” como Bhagavan Tape Ministry, Harikesa Tape Ministry, Bhakty Abay Tape Ministry y Hridayananda Tape Ministry. Y lástima que se gastó tanto dinero en esos “tape ministries”, porque ahora todos esos casetes están el tacho de basura”.Yo le propuse a Ananda Vidván Swami que con el fin de que devotos de otras latitudes se beneficiaran escuchando sus clases, me permitiese instalar un equipo electrónico para difundir sus disertaciones vía internet. Pero Ananda Vidván Swami me redarguyó del siguiente modo:
“Si tengo por disciplina que no me tomen fotos, también la tengo que no me filmen. Yo hablo específicamente para el público que tengo ante mí. Si alguien quiere ver fotografías, que vea las de Srila Prabhupada. Si alguien quiere escuchar clases grabadas, que oiga las de Srila Prabhupada. Porque de todas maneras, yo no digo nada diferente a lo que Srila Prabhupada dice. La única diferencia es que cuando Srila Prabhupada habla, sus palabras tienen una potencia millones de veces mayor que cuando yo las repito. Srila Prabhupada habla desde la plataforma de siddha-maha-purusa, mientras que yo hablo de la plataforma de sadhaka, un humilde practicante de la vida espiritual".De todo lo anterior yo concluyo que si bien la rigurosidad con que Ananda Vidván Swami está viviendo, a sus 57 años, es diferente del estándar que Srila Prabhupada adoptó a los 77 años, no podemos decir por ello que Ananda Vidván Swami no es un estricto seguidor de Srila Prabhupada. De hecho, si Ananda Vidván Swami no es un discípulo genuino de Srila Prabhupada,
NADIE LO ES.