La reciente nota de Astika Prabhu sobre la visita del Dalai Lama a Monterrey ha provocado muchas reacciones. Eso se puede ver en los comentarios de nuestros distinguidos lectores. Esta retroalimentación es muy buena, y entendemos que no todos van a estar de acuerdo con todo lo que se publica aquí. En particular nos interesa saber si nos salimos de la línea trazada por Srila Prabhupada, la cual es nuestro marco de referencia ideal.
En este caso, no creo que Astika se haya salido de esa línea. Simplemente está haciendo una apreciación de lo que dijo el Dalai Lama, para ver si representa una solución real a los problemas que él mismo señala, y si va más allá de las buenas intenciones, la abundancia de clichés, y la superficialidad metafísica.
Debemos recordar primero que la ciudad de Monterrey recientemente ha sido escenario de mucha violencia. En un incidente reciente, un casino fue incendiado a plena luz del día y fallecieron 53 personas en cuestión de minutos. ¿La propuesta de paz del Dalai Lama mediante de una ética basada en la compasión --que no explica cómo lograrla-- será la solución? ¿Es más un enunciado etéreo que un plan de transformación para cada individuo que lo estaba escuchando?
Recordemos que esta visita del Dalai Lama no es la primera que hace, ni es él la primera personalidad que recorre México con un mensaje de paz. El papa Juan Pablo II hizo varias visitas a México en un lapso de veinte años, y millones lo escucharon. En particular la gente se volvía loca cuando él decía "México siempre fiel".
Pero la realidad es que, a pesar de que el suyo también era un mensaje de esperanza, y que la religiosidad --sin fanatismos y ceguera-- tiene un beneficio piadoso y de evolución de la conciencia, la mayoría de la gente lo tomó como algo pasajero y superficial, y su vida de anarthas nunca cambió. Prueba de ello es que a pesar de todas las visitas el papa, en Mexico sigue abundando la desigualdad, la pereza, la violencia y demás fallas de carácter no cristianos.
Quizá el Dalai Lama estaba enviando un mensaje superficial agradable, y quienes se sintieran más interesados podrían acercarse luego a la organización de budismo tibetano que patrocinó su visita a México. Sin embargo, sé por buenas fuentes que esa organización opera dando cursos, seminarios y demás programas, con un costo oneroso. Hay quien me dijo que no pudo seguir practicando su sistema de compasión y meditación porque lo estaba dejando en bancarrota.
Lo anterior no quita que el Dalai Lama sea una excelente persona. Alguien --a quien le tengo mucho respeto-- dijo que el Dalai proyecta mucha paz personal. Que hasta en videos se podía percibir cómo irradiaba una tranquilidad que influenciaba a los espectadores. No tengo por qué dudar eso, y en consecuencia puedo reconocer la naturaleza del jefe del budismo tibetano.
Sin embargo, ese no es el punto que estamos tratando aquí. El enfoque de Astika era ver si el Dalai estaba abordando las causas últimas de los problemas que él mismo ve en México. También era importante saber si tiene respuestas concretas al respecto, que vayan más allá de unas dulces palabras y de tenernos que afiliar en organizaciones budistas que patrocinaron su visita.
Astika contrasta lo anterior con las enseñanzas de Srila Prabhupada, quien siempre iba al grano sin darle vueltas al asunto. Srila Prabhupada no dejaba las cosas en un plano bonito aunque etéreo, ni buscaba encajar ecuménicamente en el conjunto de las manifestaciones religiosas.
(Vale la pena señalar además que Srila Prabhupada jamás ligó sus enseñanzas con algún emolumento, ni siquiera cuando se trataba de compartir alimentos con los participantes.)
Y Srila Prabhupada tenía razón al respecto. El verdadero ecumenismo no significa tratar de quedar bien con todos, ni de adormecer conciencias, ni de pronunciar lo que la audiencia quiera escuchar. Significa hacer una afirmación clara de tus principios y llevarlos a su máxima expresión.
Es como en el caso de la democracia, cuya meta no es que todos pensemos igual sino que podamos convivir a pesar de nuestras diferencias. En el plano ecuménico es lo mismo. No se trata de que todas las religiones terminen pensando lo mismo, sino que cada una afirme bien sus principios, note sus particularidades, y a pesar de ello podamos convivir todos.
El totalitarismo ecuménico sería una alternativa falaz, y no podemos darnos el lujo de caer víctimas de ella. En búsqueda de un ecumenismo falso vamos a asentir a todo y diluir nuestros propios principios. En lo personal no me interesa eso. Y aquí en El Tambor lo hemos denunciado, señalando las ridiculeces en las que han caído supuestos gurus sucesores de Srila Prabhupada quienes han incurrido en una inclusión chaqueta que los hace verse como unos verdaderos payasos.
Como énfasis a lo anterior reproduzco aquí un texto intitulado "La Fórmula de la Paz". Es de Srila Prabhupada, y habla por sí mismo. No sé si originalmente fue una conferencia, o si él lo escribió específicamente para su distribución. Lo que sí sé es que desde 1966 sus discípulos de Nueva York y luego de otras ciudades, lo imprimieron y repartían en sankirtan, incluso antes de que existieran libros de distribución masiva para presentar la filosofía. Años después se siguió distribuyendo como volante introductorio sobre el Movimiento Hare Krishna.
La fórmula de la paz
El gran error de la civilización moderna es usurpar la propiedad ajena como si fuera propia, y de allí crear una perturbación innecesaria de las leyes de la naturaleza. Estas leyes son muy severas. Ninguna entidad viviente puede violarlas. Solo alguien que es consciente de Krishna puede fácilmente superar la severidad de las leyes de la naturaleza para estar feliz y en paz en el mundo.
Así como el Estado está protegido por los ministerios de leyes y orden, de la misma manera el estado del Universo, del cual la Tierra es solo un fragmento insignificante, está protegido por las leyes de la naturaleza. Esta naturaleza material es una de las diferentes potencias del Señor, quien es el propietario final de todo lo que existe. Por consiguiente, esta Tierra es la propiedad de Dios pero nosotros, las entidades vivientes, en particular los supuestos seres humanos civilizados, estamos alegando ser los dueños de la propiedad de Dios, tanto en un concepto falso individual como colectivo. Si quieres la paz, debes remover de tu mente y del mundo este concepto falso. Este falso reclamo de propiedad que ha hecho la raza humana respecto a la Tierra es parcial o totalmente el causante de todas las perturbaciones a la paz terrena.
Personas necias y dizque civilizadas reclaman tener derechos sobre la propiedad de Dios porque se han vuelto impíos. No puedes estar feliz y en paz en una sociedad impía. En el Bhagavad-gita, el Señor Krishna dice que Él es el disfrutador fáctico de todas las actividades de las entidades vivientes, que Él es el Señor Supremo de todos los universos, y que Él es el amigo bienqueriente de todos los seres. Cuando la gente del mundo reconozca ésta como la fórmula de la paz, es que entonces prevalecerá la paz.
Por lo tanto, si realmente quieres paz deberás cambiar tu conciencia a Conciencia de Krishna, tanto en lo individual como en lo colectivo, por medio del sencillo proceso de cantar el santo nombre de Dios. Este es un proceso corriente y reconocido para alcanzar paz en el mundo. Pro lo tanto recomendamos a todos volverse consicentes de Krsna cantando:
Hare Krsna, Hare Krsna, Krsna Krsna, Hare Hare
Hare Rama, Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare
Est oes práctico, sencillo y sublime. Hace cuatrocientos ochenta años esta fórmula fue introducida en india por el Señor Sri Caitanya, y ahora está disponible en tu país. Comienza este sencillo proceso de cantar, como se menciona arriba, toma conciencia de tu verdadera posición leyendo el Bhagavad-gita Tal Como Es, y reestablece tu relación perdida con Krsna, Dios. La paz y la prosperidad serán el resultado mundial inmediato.



