
por Radha Krishna das
Todavía hay seguidores de Paramadvaiti que creen que estamos siendo injustos con él por criticarle sus abrazos a discípulas y seguidoras.
Según ellos, no podemos entender que Paramadvaiti es el Guru del Amor, y que su cariño por los Vrindófilos se expresa así. Nos aclaran que no hay nada físico ni sexual en sus abrazos, y que nuestra crítica es una profanación de una expresión muy pura y espiritual.

Lo que los Vrindófilos siguen sin entender es que nuestras observaciones sobre sus "agarrones" con las chicas de Vrinda, tienen que ver con prohibiciones expresas de Srila Prabhupaada y la sucesión discipular. Una y otra vez encontramos instrucciones de que un sannyasi, como lo es Paramadvaiti, no debe andar tocando ni abrazando a las mujeres.
Ya hemos presentado mucha evidencia de ello. Pero si los Vrindófilos necesitan más pruebas para quedar convencidos, les presentamos aquí un pasatiempo del Señor Caitanya sobre abrazos con las mujeres. La historia se narra en el Caitanaya Caritamrta, Antya 13. Leámoslo:
Un día, cuando el Señor se dirigía al templo de Yamesvara, una cantante inició sus cantos en el Templo Jagannatha.
Cantaba una melodía gujjari con voz muy dulce y, debido a que el tema era el Gita-govinda de Jayadeva Goswami, el canto atrajo la atención del mundo entero.
Cuando Sri Caitanaya Mahaprabhu escuchó de lejos el canto, de inmediato sintió éxtasis. No supo si era hombre o mujer quien cantaba.
Mientras el Señor corría en éxtasis para encontrarse con el cantante, setos espinosos Le punzaron el cuerpo.
Govinda corrió con rapidez detrás del Señor, a quien las punzadas de las espinas no Le causban ningún dolor.
Sri Caitanya Mahaprabhu corría muy rápido, y la chica se encontraba muy cerca. Fue entonces que Govinda agarró al Señor en sus brazos y gritó: "Es una mujer quien canta".
Tan prono como el Señor escuchó la palabra "mujer", recobró la conciencia externa y retrocedió.
Dijo: "Mi querido Govinda, Me salvaste la vida. Si hubiera tocado el cuerpo de una mujer, de seguro hubiera muerto".
"Nunca podré repagarte esta deuda". Govinda contestó: "El Señor Jagannatha Te salvó. Yo soy insignificante".
Sri Caitanya Mahaprabhu respondió: "Mi querido Govinda, debes estar siempre conmigo. Hay peligro en todas partes; por eso debes protegerme con mucho cuidado".
Las enseñanzas de esta historia son muchas:
1
Aunque un sannyasi sienta una profunda devoción por Krishna, eso no lo exime de la regla que le prohibe tocar a una mujer. El Señor Caitanya dice aquí: "Si hubiera tocado el cuerpo de una mujer, de seguro hubiera muerto".

2
En una nota anterior, el tal Kalki argumentaba que los agarrones eran un rasa (un sabor, una relación espiritual) de las damitas con Paramadvaiti. No podía el susodicho estar más equivocado. Lo que él llama rasa, es en realidad la muerte como sannyasi de Paramadvaiti. Y el Caitanya Caritamrta no deja ninguna duda al respecto.
3
Cuando el Señor Caitanaya escuchó la palabra "mujer", tomó esto de inmediato como una señal de advertencia, aunque se encontraba en medio de un éxtasis devocional. Para un renunciante célibe vaisnava hay además otras señales de advertencia, como lo son la voz de la mujer, su vestido, sus movimientos, etc. Todas estas señales le están diciendo: "Sé cuidadoso, porque todo contacto con una mujer altera tu equilibrio y voluntad de sannyasi".


Desafortunadamente, en el caso de Paramadvaiti, cada una de estas señales es utilizada en un sentido contrario. Cuando recibe la señal de advertencia, se lanza en dirección de las devotas para abrazarlas y manosearlas.

4
Paramadvaiti debe conseguirse un asistente tan competente e inteligente como Govinda. En la actualidad tiene solo lacayos incondicionales y sin criterio propio que no sirven para darle ningún buen consejo.